jueves, 5 de junio de 2014

Google, Kurzweil y el futuro de la humanidad.

No todas las personas saben lo que quieren hacer con su vida, y más difícil aun saber lo que debe hacer toda la humanidad y cuál es su destino. Ray Kurzweil es uno de esos raros casos que tiene muy clara su idea de cuál es el mejor futuro para la humanidad. Sus ideas podrán gustarnos o no, pero su esfuerzo por conocer el futuro de la humanidad, es uno de los más originales y abarcadores. Y aunque sus ideas parten de la archiconocida ley de Moore, basada en el Hard y en el aumento de la velocidad de procesamiento de la información, enfocado dentro de una inteligencia artificial fuerte, donde cerebro y computadora son sistemas procesadores de información y en la conclusión de que la velocidad de procesamiento de las computadoras superará a la velocidad del cerebro por lo que, inevitablemente, llegaremos a un inteligencia artificial (IA) superior a la humana. Así de fácil.

Esta idea tiene su culminación en la definición de una singularidad tecnológica elaborada por Vernor Vinge y justificada hasta la saciedad por Ray Kurzweil, quien mezcla las ideas de Vinge con las de Hans Moravec y ve el surgimiento de una superinteligencia artificial como un hecho que cambiará de un planazo la vida en el planeta y a que a partir del surgimiento de esa superinteligencia, todo será diferente; al igual que Moravec, considera que eso es lo mejor que nos puede pasar. Aunque algunos tienen sus dudas: primero de que eso pueda suceder y segundo de todo sea tan perfecto y ven implicaciones que escapan al optimismo de sus defensores.

La inteligencia artificial y el futuro del hombre, ha comenzado a ser analizada desde varios ángulos, y no solo desde el tecnológico, dejando aparecer un cierto desasosiego que cada vez se hace más patente. Y es que si antes la construcción de una IA parecía un hecho muy lejano, hoy la están construyendo, ante nuestros ojos y se está convirtiendo en parte de nuestras vidas, que va desde buscadores cada vez más inteligentes, teléfonos inteligentes, espejuelos, autos, drones, etc. Y todos conectados a grandes sistemas procesadores de información propiedad de grandes transnacionales.

Hoy la información ha dejado de pertenecernos y es procesada y manipulada por los que de una forma u otra han ido adueñándose del poder, la información es poder, y del control de nuestras vidas.
Quizás la IA no hubiese pasado de ser un sueño, pero los esfuerzos de Kurzwel, el actor social más importante para el logro de una superinteligencia artificial y de otros grandes futuristas, la cual ha tenido dos grandes hechos:
• Creación de la Universidad de la Singularidad
• Ingreso de Kurzweil como jefe de proyecto en Google.

El hecho de que Kurzweil haya comenzado a trabajar en Google, demuestra cual es el interés de la transnacional en el futuro, hacia donde quiere llegar y que aspiraciones tiene con respecto a las tecnologías. Pienso que Kurzweil más que un ejecutor se ha convertido en el representante de la nueva ideología tecnologista imperante en el mundo (junto al transhumanismo). Y ese es uno de nuestros grandes errores no ver el impacto de las tecnologías como ideología, que con nosotros o sin nosotros va cambiar los destinos del planeta.

Ahora, esa adquisición hecha por Google nos lleva en primer lugar a la construcción de una inteligencia artificial superior a la humana. De ahí los esfuerzos de Google en el aprendizaje profundo, en las redes neuronales, en las computadoras cuánticas, entre otras. Para ello van a partir de la popularidad de su buscador (su dominio) y de toda la información que poseen sobre sus usuarios (nosotros). La conclusión es simple, solo hay que hacer que ese buscador sea cada vez inteligente para que pueda procesar, de forma inteligente, toda esa información y llegar a saber lo que desean los usuarios, saber no solo que buscan sino lo que quieren, que piensan y por supuesto decirles lo que tienen que hacer para ser más atractivos al buscador, enseñarlos a ser más eficientes, todo a imagen y semejanza de una superinteligencia que llegará a saber más de los humanos que ellos mismos.

Por supuesto estamos partiendo de la idea de un usuario pasivo que espera a que le den la información elaborada y procesada por una superinteligencia y, demás está decir, que no es la única alternativa que tenemos los humanos, en realidad no estamos condenados a ser eternos usuarios sometidos a un gran procesador superinteligente que nos brinde toda la información sin el menor esfuerzo, al que inevitablemente llegaremos a adorar. Sin dudas tenemos otras opciones y desde hoy podemos ir construyendo una superinteligencia que no sea propiedad de nadie, que sea libre, que no esté centralizada, que sea abierta y colaborativa. Estamos a tiempo de negarnos a ir a ciegas a un futuro diseñado por las elite de poder: militares, transnacionales, gobiernos; podemos desde ahora comenzar a diseñar nuestro propio futuro, y ese es nuestro mayor desafío.